Las personas que viven con Alzheimer pueden presentar dificultad para expresar dolor, notar molestias o identificar lesiones en sus pies. Por eso, el cuidado podológico regular y la atención preventiva se vuelven esenciales para evitar infecciones, caídas o problemas que afecten su movilidad y bienestar diario. Cuidar sus pies no solo mejora su salud física, sino también su autonomía, seguridad y calidad de vida.

Revisión podológica periódica: cada dos meses como mínimo

Las revisiones con el podólogo son la forma más eficaz de detectar a tiempo cualquier alteración: durezas, uñas encarnadas, heridas o cambios en la piel. En personas con Alzheimer, se recomienda acudir al podólogo al menos una vez cada dos meses.

Revisar la piel y las uñas

El podólogo examina la piel para detectar grietas, zonas resecas, callosidades, hongos o heridas superficiales. En personas con Alzheimer, incluso una pequeña alteración puede convertirse en un problema mayor si no se trata a tiempo. También se revisan las uñas en busca de cambios de color, engrosamiento o signos de infección, que pueden causar dolor al caminar o presionar el calzado.

Cortar correctamente las uñas para evitar lesiones

El corte de uñas debe realizarse con cuidado, sin redondear los bordes ni dejarlas demasiado cortas. Un corte inadecuado puede provocar uñas encarnadas, heridas o dolor al andar. En personas mayores o con Alzheimer, lo más recomendable es que el corte lo realice un profesional podólogo, ya que además de la destreza, se requiere conocer la curvatura de cada uña y el tipo de piel del paciente.

Detectar signos de presión o fricción en el calzado

Uno de los problemas más comunes en el Alzheimer es el uso de calzado inadecuado, que puede provocar rozaduras, ampollas o deformidades por presión. Durante la revisión, el podólogo examina los pies en busca de zonas enrojecidas, callosidades o piel endurecida, que suelen indicar presión excesiva o fricción repetida. También puede revisar el interior del zapato para comprobar que no haya costuras, pliegues o plantillas mal colocadas que estén causando molestias.

Recomendar plantillas o calzado específico

Cada persona tiene una forma de caminar distinta. En el Alzheimer, los cambios en el tono muscular o la coordinación pueden alterar la pisada, provocando inestabilidad y mayor riesgo de caídas. El podólogo puede realizar un estudio de la pisada para evaluar el apoyo del pie y recomendar plantillas personalizadas que ayuden a corregir la postura, repartir el peso y mejorar la estabilidad. Además, puede aconsejar el tipo de calzado más adecuado, priorizando:

  • Zapatos de horma ancha para evitar roces.
  • Suelas acolchadas que absorban impactos.
  • Cierres con velcro o cordones que aseguren sujeción sin presionar.
  • Materiales ligeros y transpirables para mantener la piel sana.

Calzado adecuado: seguridad y comodidad ante todo

El tipo de calzado que se utiliza tiene un papel fundamental en la prevención de caídas y lesiones. Lo ideal es optar por zapatos ligeros, con cordones, de horma ancha y suela acolchada, que permitan una correcta movilidad y eviten puntos de presión.

Evita los zapatos duros o con costuras internas

Los zapatos demasiado rígidos o fabricados con materiales duros pueden generar presión excesiva en determinadas zonas del pie, provocando callosidades, ampollas o incluso heridas. En personas con Alzheimer, estas lesiones pueden pasar desapercibidas si existe pérdida de sensibilidad o dificultad para expresar el dolor, por lo que prevenirlas es esencial. Lo ideal es optar por zapatos con acabados interiores suaves, sin costuras sobresalientes y con refuerzos acolchados en la zona del talón y el empeine.

Asegúrate de que ajusten bien al talón

Un zapato que se desliza o no ajusta correctamente al talón puede alterar la forma de caminar y provocar inseguridad al andar. En personas mayores o con Alzheimer, esto se traduce en un mayor riesgo de caídas o tropiezos, especialmente en superficies lisas. Es fundamental que el calzado ofrezca una sujeción firme pero cómoda: no debe apretar ni quedar holgado. Los cierres con velcro o cordones elásticos son una excelente opción, ya que permiten ajustar el zapato fácilmente y se adaptan a posibles cambios de hinchazón.

Prefiere materiales transpirables

La transpiración es un aspecto clave del cuidado podológico en el Alzheimer. Los materiales sintéticos o plásticos impiden que el aire circule dentro del zapato, lo que genera sudor, humedad y mal olor, aumentando el riesgo de infecciones por hongos o maceración de la piel. Se recomienda elegir zapatos de piel natural, lona o tejidos técnicos transpirables. Además, es importante cambiar los calcetines a diario, optando por materiales de algodón o fibras naturales que absorban la humedad.

Revisa el interior del zapato antes de ponérselo

Revisar el interior del zapato cada día es una medida simple que previene muchos problemas. En personas con Alzheimer, que pueden no comunicar molestias, esta revisión se vuelve aún más importante. Antes de poner los zapatos, comprueba que:

  • No haya piedrecillas, pliegues o restos de suciedad.
  • Las plantillas estén bien colocadas y sin arrugas.
  • No existan costuras sueltas, grapas o bordes duros que puedan rozar la piel.

Incluso un pequeño objeto dentro del zapato puede provocar heridas o ampollas tras unos minutos de uso, especialmente si el paciente no se da cuenta.

Plantillas personalizadas: equilibrio y prevención

En muchas personas con Alzheimer, los cambios en la postura o la marcha pueden aumentar el riesgo de caídas. El uso de plantillas personalizadas ayuda a corregir la forma de caminar, mejorar la estabilidad y reducir la presión en zonas concretas del pie. Estas plantillas se diseñan tras un estudio de la pisada, realizado por el podólogo, que permite adaptar el soporte a las necesidades de cada paciente. En MYA Salud contamos con tecnología avanzada para fabricar plantillas personalizadas en 3D, ligeras y cómodas, adaptadas a cada persona.

Evitar caminar descalzo: proteger los pies es proteger la salud

Caminar descalzo puede parecer inofensivo, pero en personas con Alzheimer aumenta el riesgo de golpes, infecciones, artritis o artrosis. Además, si existe pérdida de sensibilidad, una pequeña herida puede pasar desapercibida y complicarse con facilidad. Por eso, es importante:

Usar siempre calzado cerrado y cómodo

Los zapatos o zapatillas abiertas (como chanclas o sandalias) pueden salirse fácilmente al caminar, provocando inestabilidad, tropiezos o caídas. El calzado cerrado protege todo el pie, mantiene una temperatura estable y evita que el polvo o pequeños objetos entren en contacto con la piel. Debe ser un zapato ligero, flexible y con buena sujeción en el talón.

Evitar suelos fríos o rugosos

Las personas con Alzheimer pueden tener alterada la sensibilidad térmica. Caminar sobre suelos fríos (como baldosas, mármol o terrazas) puede causar vasoconstricción, empeorando la circulación sanguínea. Por otro lado, los suelos rugosos o irregulares pueden provocar microlesiones, sobre todo si se camina descalzo o con calcetines finos. Estos pequeños roces o cortes son una puerta de entrada para infecciones, especialmente en pacientes con piel seca, diabetes o fragilidad capilar.

Proteger los pies incluso dentro del hogar

Dentro del hogar también es importante mantener una protección constante. Las zapatillas adecuadas deben ser cerradas, con suela antideslizante y materiales acolchados. Las zapatillas sin sujeción (tipo «chancla» o abiertas por detrás) pueden resbalar fácilmente, y los calcetines sin suela antideslizante aumentan el riesgo de caídas. Las suelas antideslizantes reducen el riesgo de resbalar en superficies lisas o húmedas, como cocinas o baños.

Mantener la higiene diaria de los pies

Una buena higiene diaria es la base para mantener los pies sanos en personas con Alzheimer. Este cuidado no solo previene infecciones, hongos o grietas, sino que también permite al cuidador detectar a tiempo cualquier cambio en la piel o las uñas.

Lavar los pies con agua templada y jabón neutro

El agua debe estar templada (entre 34 y 36 °C), nunca caliente, ya que las personas con Alzheimer pueden no percibir correctamente la temperatura y sufrir quemaduras. El cuidador debe comprobar la temperatura del agua con la mano o con un termómetro antes de introducir los pies. Utiliza jabón neutro o dermatológico, sin perfumes ni colorantes. Evita remojar los pies demasiado tiempo; basta con unos minutos de lavado suave.

Secarlos con cuidado, sobre todo entre los dedos

Una mala humedad puede favorecer la aparición de hongos, maceraciones o grietas. Utiliza una toalla limpia y suave, sin frotar la piel, realizando pequeños toques o presiones ligeras. Presta especial atención a los espacios entre los dedos, donde el agua suele acumularse.

Aplicar crema hidratante, evitando los espacios interdigitales

Con la edad y ciertos tratamientos, la piel del pie tiende a resecarse y agrietarse. Usar una crema hidratante específica ayuda a mantener la elasticidad y prevenir grietas dolorosas, sobre todo en talones y plantas. Aplica una pequeña cantidad con un masaje suave y circular.

Importante: evita aplicar crema entre los dedos. El exceso de humedad en esa zona puede provocar maceración o infecciones por hongos. En personas con Alzheimer, la hidratación también puede ser un momento de conexión emocional: un masaje suave transmite calma y confianza.

Revisar la piel cada día

Durante la rutina de higiene, observa cuidadosamente el estado de la piel. Busca señales como:

  • Rojeces o zonas inflamadas, que pueden indicar fricción o presión del calzado.
  • Grietas o piel seca, especialmente en los talones.
  • Ampollas o heridas, aunque sean pequeñas.
  • Cambios de color o temperatura, como zonas frías, pálidas o amoratadas.

Las personas con Alzheimer pueden no expresar el dolor, por lo que es fundamental que el cuidador detecte visualmente cualquier alteración. Si aparece una herida, límpiala con antiséptico, cúbrela con una gasa estéril y consulta con el podólogo lo antes posible.

Cada pie es único y requiere una atención personalizada. Si tienes preguntas específicas o quieres saber cómo podemos ayudarte, contacta con nosotros.